Lo que cuesta no es usarlos, es la primera semana. Acá está qué necesitas antes de comprar, cómo ponértelos y quitártelos, y las cinco reglas que evitan el 90% de los problemas.
Una fórmula de lentes de contacto, que no es la misma de tus anteojos: el lente va sobre el ojo y los anteojos a más de un centímetro, y en graduaciones altas eso cambia el número. Y la curva base y el diámetro, que son la medida de tu ojo y deciden si el lente asienta bien o te molesta todo el día. Acá está dónde encontrar cada dato.
Si nunca te han medido para lentes de contacto, eso es lo primero. Nosotros revisamos tu fórmula antes de despachar y te escribimos si algo no cuadra, pero la medida la toma un especialista con tu ojo delante.
Con jabón sin cremas ni perfume, y secas con una toalla que no suelte pelusa. El lente recoge todo lo que haya en tus dedos.
Por el derecho, por ejemplo, todos los días. Es lo que evita cambiar los lentes de ojo cuando tienes una graduación distinta en cada uno.
Sobre la yema del dedo, mirándolo de perfil, debe verse como un tazón con el borde recto. Si el borde se abre hacia afuera, dale vuelta.
El de arriba con la otra mano y el de abajo con el dedo del medio. Sostenerlos es lo que impide que parpadees justo cuando vas a colocarlo, que es lo que hace que la primera vez cueste.
Sobre la parte blanca de abajo, no de frente a la pupila. Después suelta el párpado despacio, mira hacia abajo y parpadea: el lente se centra solo.
Mira hacia arriba, baja el párpado inferior y desliza el lente hacia la parte blanca de abajo con la yema del dedo. Ahí lo pellizcas suave con el pulgar y el índice y sale solo. Si está seco y no se mueve, gotas lubricantes primero, nunca a la fuerza.
Pocas, y vas subiendo. Cuatro a seis horas el primer día y un par más cada día siguiente es un buen ritmo, salvo que tu especialista te indique otro, que manda sobre esto. La idea no es aguantar más: es que el ojo se acostumbre sin que termines el día con los ojos rojos y con la sensación de que los lentes no son para ti.
Siempre, para poner y para quitar. Es la regla que más problemas evita.
Ni para enjuagar, ni para guardar, ni ducharse o nadar con ellos. Sólo solución, y del envase. El estuche se vacía y se deja secar boca abajo, no se rellena.
Salvo los aprobados para uso continuo, y aun ésos los autoriza tu especialista. Acá está por qué.
Un lente lleva tu graduación y la medida de tu ojo, y de paso lo que haya en tu ojo. Los de color tampoco, aunque no tengan fórmula.
Aunque se vean bien y no molesten. Un lente vencido acumula depósitos y deja pasar menos oxígeno. Acá está cuánto dura cada caja.
Si aparece dolor, si el ojo no vuelve a como estaba al quitarte el lente, o si ves borroso con él puesto: te lo quitas, no te lo vuelves a poner y lo consultas con tu especialista de la visión ese mismo día. Molestia leve los primeros días es normal; acá está la diferencia entre lo uno y lo otro.
Con un lente diario, si tu graduación lo permite. Se abre, se usa y se bota: no hay estuche, ni solución, ni fecha que recordar, ni el error de guardarlo mal. Sale más caro al mes que un mensual, pero para aprender quita de encima casi todo lo que puede salir mal.
Si tu graduación no está entre los diarios, un mensual con su estuche y su solución funciona igual de bien: sólo suma la rutina de limpiarlos cada noche. Acá está la comparación de precios por mes.
Una fórmula de lentes de contacto, que no es la misma de los anteojos, y la curva base y el diámetro, que son la medida de tu ojo. Esa medida la toma un especialista.
Con las manos limpias y secas, revisa que no esté al revés, sostén el párpado de arriba con una mano y el de abajo con el dedo del medio, mira hacia arriba y coloca el lente sobre la parte blanca de abajo. Suelta el párpado, mira hacia abajo y parpadea: el lente se centra solo.
Mira hacia arriba, baja el párpado inferior y desliza el lente hacia la parte blanca de abajo con la yema del dedo. Ahí lo pellizcas suave con el pulgar y el índice. Si está seco, gotas lubricantes primero, nunca a la fuerza.
Entre cuatro y seis, e ir subiendo un par cada día, salvo que tu especialista indique otra cosa. La idea es que el ojo se acostumbre sin terminar el día con los ojos rojos.
Con un lente diario, si tu graduación lo permite. Se usa y se bota, así que no hay estuche, ni solución, ni fecha que recordar.
No. Un lente lleva tu graduación y la medida de tu ojo, además de lo que haya en tu ojo. Los de color tampoco, aunque no tengan fórmula.