El papel no es lo que hace falta: lo que hace falta son unos números. Hay cuatro maneras de recuperarlos y sólo la última implica volver a medir todo.
Para pedir un lente hacen falta seis datos: esfera, cilindro, eje, adición, curva base y diámetro. Los cuatro primeros son tu graduación. Los dos últimos no son tu graduación, son la medida del lente — y esos salen del lente que usabas, no del récipe de tus anteojos. Acá está qué es cada uno y dónde se lee.
Por eso una caja vieja muchas veces resuelve más rápido que el récipe: la caja trae los seis, impresos.
Si todavía la tienes, ya tienes todo. La caja declara el poder, la curva base y el diámetro, que es exactamente lo que se pide para repetir el mismo lente. Sirve aunque esté vacía — lo que importa es lo impreso, no el contenido. Es la vía más rápida de las cuatro.
Aunque esté arrugado, doblado o sea de hace un tiempo. Sirve para saber de dónde partimos. Que sea viejo no lo vuelve inútil: lo vuelve un punto de partida que conviene confirmar.
Casi todas guardan el registro y te lo pueden reenviar. Alcanza con el nombre del sitio y más o menos cuándo fuiste. Es la salida que casi nadie intenta y la que más veces funciona.
Si no aparece por ningún lado, se toman los parámetros desde cero y te quedas con tu hoja para siempre, nos compres o no. Cuesta $10, es presencial en Caracas y va con cita.
La graduación de los anteojos no se copia tal cual: el lente del armazón se apoya a unos 12 milímetros de tu ojo y el de contacto va encima, y esa distancia cambia el número. Hasta más o menos ±4.00 casi no se nota; de ahí en adelante sí.
Los parámetros de un ojo cambian con el tiempo. Si de tu última medición pasó más o menos un año, vale la pena volver a medirlos antes de comprar — no porque el lente viejo sea otro, sino porque puede que ya no sea el tuyo.
Verificamos que el lente que pediste corresponde a tu fórmula. La evaluación con equipos la hace tu especialista de la visión.
Casi siempre sí. Hay cuatro salidas: la caja vieja, una foto del récipe aunque sea antigua, pedirle el registro a la óptica donde te lo hicieron, o medir los parámetros de nuevo. Sólo la última implica empezar de cero.
Sí, y suele ser la vía más rápida. La caja trae impresos el poder, la curva base y el diámetro, que es justo lo que hace falta para repetir el mismo lente. Lo que importa es lo que está impreso, no que quede producto adentro.
Como punto de partida sí, pero no se copia tal cual. El lente del armazón se apoya a unos 12 milímetros del ojo y el de contacto va encima, y esa distancia cambia el número. Hasta cerca de ±4.00 casi no se nota; por encima, sí.
Casi todas la guardan y te la pueden reenviar. Alcanza con recordar el nombre del sitio y más o menos cuándo fuiste. Es la salida que menos gente intenta.
Queda el Examen de Conversión: se toman tus parámetros desde cero y te llevas tu hoja, nos compres o no. Cuesta $10, es presencial en Caracas y va con cita.